
Cita 31 de mayo, 2023

Jesus Armando Tapia Gallegos ™ MTDE
Autor y Director Estratégico con resultados probados en impulsar el crecimiento del negocio.

31 cosas increíbles, salvajes y locas de Richard Feynman, lujuria, bomba atómica, drogas y premio Nobel.
Feynman participó en el Proyecto Manhattan, obtuvo con otros dos físicos el premio Nobel en 1965 y dio con la causa del accidente del Transbordador espacial Challenger, uno de los siniestros más lamentables del siglo XX.
Hoy te traemos algunos detalles de su vida.
Franz Kafka: un escritor atormentado. La obra literaria de Kafka es dura, angustiosa, un poco deprimente… Y es que no fue más que el reflejo del escritor. Si conoces y disfrutas sus novelas más famosas, en este video te contaremos sobre la vida y personalidad de este particular y afamado exponente de la literatura.

La moral anarquista es un breve escrito de Piotr Kropotkin publicado a finales del siglo XIX y que busca resumir los principios morales del anarquismo, mientras que, a su vez, hace una crítica profunda a la moral dualista promovida por el Estado y la Iglesia. Hoy intentaremos desentramar cómo es que la moral funciona en una sociedad anarquista.
Fuentes KROPOTKIN, P. (2008): «La moral anarquista». Buenos Aires: Libros de Anarres
Relevamiento del libro «VIDA CONTEMPLATIVA. Elogio de la inactividad», de Byung-Chul Han. Editorial TAURUS.
En 1972 se publicaba el ¿estudio? «Para leer al pato Donald», un libro del argentino Ariel Dorfman y el belga Armand Mattelart que aducía que cuanto ocurría en la ficción de Disney era producto de un complot de control mental de la CIA, la NSA y el imperialismo minucioso e inteligente (cosa que el imperialismo nunca ha sido).
China construye un enorme sistema de vigilancia digital. El Estado recopila cantidades gigantescas de datos y los ciudadanos participan voluntariamente pues las ofertas son útiles y quienes respetan las reglas son recompensados. Los críticos describen el sistema de vigilancia digital de China como «el proyecto orwelliano más ambicioso de la historia de la humanidad», porque en el Estado convergen cantidades gigantescas de datos. En el denominado «cerebro» de Shanghái, por ejemplo, las autoridades no pierden nada de vista. En pantallas inmensas, pueden conectarse a cualquiera de casi un millón de cámaras. ¿A quién se le cierran los ojos al volante? ¿Quién tira la basura al lado del cubo o no cumple las restricciones por el coronavirus? «A la gente aquí les tiene que ir bien y deben darse cuenta de que la ciudad es muy segura», dice Sheng Dandan, que participó en el diseño del «cerebro». Según las encuestas, donde Occidente percibe riesgos, la mayoría de los chinos ve beneficios. Si los algoritmos pueden localizar a todos los ciudadanos por su cara, su forma de hablar y hasta su forma de andar, los locos del volante, patanes, estafadores y delincuentes no tienen escapatoria. ¿Y acaso China no ha derrotado al coronavirus también gracias a aplicaciones eficaces? Además es muy cómodo hacer todo desde el teléfono inteligente. El que participa y respeta todas las reglas también obtiene un descuento en línea gracias al sistema de calificación social. La comodidad genera aceptación. Eso hace que los macrodatos sean tan atractivos, no solo en China. Sin duda algunas cosas también serán muy codiciadas por Occidente. Pero ¿de dónde proceden los datos necesarios? ¿A quién le pertenecen? ¿Quién puede usarlos? ¿Cómo debe tratar el mundo occidental con la tecnología china? ¿Cooperar, aún en contra de sus valores? ¿O seguir absteniéndose y aceptar que otros definan las normas?
Cada vez jugamos más. Con juegos de mesa como «Los colonos de Catán” o en la consola con «Mario Kart”. El mercado de los juegos sociales está en auge. Una tendencia que atrae sobre todo a los adultos. ¿Qué impulsa al ser humano a jugar? Esta pregunta acompaña la historia de la humanidad desde sus comienzos. A primera vista, carece de móvil evolutivo, sólo sirve para disfrutar sin más. Sin embargo, esa actividad esconde mucho más que pasar un rato agradable. Nuestros antepasados cazadores-recolectores tuvieron que desarrollar capacidades para conocer su entorno; y lo hacían de una forma lúdica. Lo mismo que los niños sondean su entorno hurgando en la arena o probando cosas en la boca, aquellos parientes lejanos dieron importantes pasos evolutivos explorando de forma lúdica. Con las primeras sociedades más complejas hace cinco mil años aparecen los juegos de tablero. Los seres humanos no sólo crearon Estados y monedas, sino también juegos. Así surgió el ajedrez, un juego táctico, y siglos después el Monopoly, un simulacro del capitalismo inmobiliario. Hoy en día, empresas e instituciones educativas aprovechan para sus fines el potencial del juego. Las emociones que desata en los jugadores pueden ponerse al servicio de la productividad. La denominada ludificación parece imparable. En las escuelas se depositan grandes esperanzas en desbloquear con el juego procesos lectivos anquilosados y, al mismo tiempo, alcanzar mejores resultados en el aprendizaje. No obstante, el efecto de la ludificación no está exento de polémica. Además, con el mayor número de jugadores también aumenta el número de ludópatas. Desde que la OMS reconociera la ludopatía como enfermedad, los expertos discuten sobre el uso adecuado del juego. Es decir, jugar es un fenómeno inseparable de la vida, como lo formuló el ludólogo Jens Junge, pero también entraña peligros. La cuestión hoy es: ¿Hay un límite sano en el juego? ¿Cuándo cruzamos ese límite?