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En «Las Reliquias de la Muerte», Harry Potter y sus amigos necesitan ingresar al banco de Gringotts para buscar uno de los Horrocruxes de Lord Voldemort. Para obtener la ayuda necesaria, Harry se reúne con Griphook, un duende de Gringotts, en el Caldero Chorreante.
Durante su conversación, Harry intenta convencer a Griphook de que les ayude a entrar al banco y le ofrece a cambio la Espada de Gryffindor. Griphook inicialmente se muestra reacio, le ofrece oro, y el Goblin le responde irrespetuosa y despectivamente “eso no me interesa” ya que los duendes tienen resentimientos hacia los magos, pero finalmente acepta la oferta de Harry.
Griphook accede a ayudarlos a ingresar a Gringotts bajo la condición de que le entreguen la espada de Griffindor, después de completar su misión. Aunque Harry accede, se muestra cauteloso y desconfiado de la lealtad de Griphook.
Esta escena es crucial en la trama de «Las Reliquias de la Muerte», ya que marca el comienzo de la peligrosa misión de los protagonistas para destruir los Horrocruxes y enfrentarse a Lord Voldemort.
Contrastando con esta cita:
«Conoce el precio de todo y el valor de nada.»
Esta frase es atribuida a Oscar Wilde, reconocido escritor y dramaturgo irlandés del siglo XIX. Wilde era conocido por su ingenio y su aguda crítica social, y esta cita en particular refleja su perspectiva sobre la importancia de comprender la diferencia entre el valor intrínseco de algo y su precio o apreciación superficial.
La cita sugiere que es fácil asignar un precio monetario a las cosas, pero comprender su verdadero valor, ya sea en términos de belleza, significado emocional o calidad, requiere un análisis más profundo y una apreciación más sutil. Wilde critica la mentalidad materialista y la falta de apreciación por lo auténtico y lo esencial en la vida.
Hagamos un ejercicio, en cierta medida mórbido y totalmente especulativo:
¿Si te ofrecieran 1 MUSD, a cambio de un minuto de tu vida, aceptarías?
¿Recuerdan el trato que hace Rumpeltinszky con Shreck, en la última entrega de esa franquicia, que intercambiaron un día entero de su vida, a cambio de los deseos del ogro?
¿Tomando en cuenta lo anterior, aceptarías, pedirías mucho más de 1 MUSD, o te negarías por completo a la “oportunidad”?
Por ahí hay un slogan comercial fabuloso, que vale la pena tanto parafrasear, como replantear “Hay muchas cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás existe…“
Yo concluiría hoy este slogan con muchas propuestas mejores, por ejemplo:
“… la libertad de ser, estar, querer y amar, en plena conciencia.”
“…la risa de un pequeño inocente, un día pleno de significado y una conciencia tranquila.”
“…el tiempo, tu espíritu, tu alma y tu vida.”
Y así, hay muchas contra propuestas que valen mucho, tanto de manera intangible, versus cosas, bienes, productos tangibles, status, títulos o que podemos asignar valor versus asignarle un precio.
Es como la anécdota de la pareja que en el callejón se encuentran a un asaltante y este les dice “El dinero o la vida”, mientras los amenaza con un arma, a lo que uno de ellos le responde “Ni hablar: vida, vete con el señor”.
Hagamos ahora otro ejercicio hipotético: Pongámonos a nosotros mismos en la perspectiva de todos y cada uno de los personajes de esta anécdota, y al mismo tiempo, busquemos responder a estas preguntas de cierre:
¿Quiero lo que deseo?
¿Deseo lo que quiero?
¿Valoro y agradezco lo que tengo?
Tal vez, simplemente, decidimos pagar precios y costos demasiado altos, por cosas que no valuamos en su correcta y justa medida, por inercia, condicionamiento, o aún habrá que aprender a distinguir, como sugería Oscar Wilde, entre el costo, precio y el valor de todo versus el de nada.
Para concluir esta semana, les recomiendo la canción de Mocedades, “El Vendedor”, por si la reflexión de esta semana ha quedado suficientemente clara.
¡Un fuerte abrazo a todos, y hasta la próxima semana!