Decidida a destruir a una imaginaria «ciencia neoliberal» y sustituirla por las «epistemologías del sur», «descolonizándola» y dándole el valor de una mera opinión, Elena Álvarez-Buylla consigue aprobar una ley rechazada por la mayoría de la comunidad científica mexicana, donde las decisiones sobre qué se puede o no investigar estarán en manos de políticos y militares, sin académicos o científicos que los obstaculicen. Y hay más..